Con tener una idea no alcanza. De eso, mucho sabemos quienes transitamos el mundo emprendedor y, tras tropezones y caídas, advertimos que las ideas deben protegerse.
Picasso decía que si “un artista copia, un gran artista roba”. Incluso el autor Austin Kleon en su libro “Roba como un artista” te enseña para “enseñarte a robar sustraer ideas con guante blanco y como un artista”a la vez que, revela una frase icónica: “Nada es original”. ¿Qué podemos decir entonces de nuestras ideas? ¿Cuándo y cuánto realmente nos pertenecen?
Elizabeth Gilbert, la misma escritora que nos encandiló con “Comer, rezar, amar”, en otro de sus libros “Libera tu magia” cuenta algo así como que las ideas están girando constantemente en el universo y si no las atrapas y trabajas por concretarlas, otro lo hará por vos.
Es que hay un momento indicado para cada idea y una oportunidad de hacerla tuya y trabajarla. No la concretas vos, lo hace otro.
Ambos libros que refiero además se los recomiendo, porque me parecieron fascinantes. ¿Pero cómo se ligan estos dos libros con el Derecho? Quizás, ambos refieran a ideas y las ideas que no se registra no se protegen.
El Derecho siempre pide pruebas concretas para expedirse, y eso es así también en el mundo de las ideas. Mientras una idea está en abstracto, no está protegida por el Derecho.
¿Cómo hacer entonces? Bueno, ese consejo que te dio tu mamá de no cuentes nada hasta que no lo concretes, tiene algo de superstición o de intuición materna pero además tiene mucho de jurídico.
Comienza a concretar tu idea para que pueda tener protección en el mundo de la Propiedad Intelectual. Si es un modelo de negocio: redacta un manual, detalla los procesos para llevarlo a cabo, genera un ISBN (), como un libro.
Si lo que quieres proteger es una marca o un logo, busca primero en redes y en el INPI a ver si podés registrarla.
Hay varios institutos en este mundo que protegen de distintas formas a diversas creaciones de la mente. Marcas, derecho de autor, patentes de invención, modelos y diseños. Pero no puedo ir al INPI o a la Dirección de Derecho de Autor a contarles el cuento de mi creación.
Una breve conclusión es que las ideas se trabajan, para concretarlas, como así también para poder defenderlas.